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Mi pareja es fría: Cuando el amor sufre de anorexia

Año 2015, era una época de cambios y decisiones importantes. Estaba saliendo por fin de la universidad y ya había terminado mi práctica profesional.

Lo único que tenía claro es que quería estar sola al menos hasta descifrar cual sería el siguiente paso en mi vida, no estaba en búsqueda de una relación.

Mis experiencias hasta ese momento habían sido un estrepitoso fracaso amoroso, tras otro, hombres llenos de conflictos, infieles, cobardes, impotentes, mentirosos y todas esas maravillas que caracterizan al macho promedio de nuestra época.

No quería nada con el sexo opuesto. Ni siquiera que me preguntaran la hora. Pero como siempre, las cosas aparecen cuando dejamos de buscar.

Fue en ese entonces cuando conocí al chico que inspira este post.

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Era un hombre educado, alegre, inteligente, aventurero, respetuoso, con valores que pensé se habían extinguido en los machos contemporáneos fanáticos del “amor libre”.

Admito que no llamó mi atención de inmediato, cada vez que me invitaba a salir me repetía que “quería estar sola”, pero su entusiasmo me conquistó y lo dejé entrar en mi vida.

Ese chico que llegó a mi vida como cualquier persona, terminó transformándose en mi persona especial.

Todo iba viento en popa, sentía que por fin mi imán había invertido su campo de atracción.

– ¡Sí, los milagros existen! o ¿Quizás la factura del karma me querrá dar un perdonazo? – pensé.

Inocente.

El karma venía, pero en un envoltorio diferente

Al tercer mes las cosas empezaron a cambiar, nos veíamos muy poco y cuando estábamos juntos él me dejaba sola. Podíamos estar viendo una película, pero el prefería sentarse en cualquier lugar, menos a mi lado.

Le pregunté varias veces porqué era así, me interesaba entenderlo sobretodo porque soy idealista al punto de creer que las cosas se solucionan hablando, pero cada vez que buscaba profundizar en sus motivos, respondía con evasivas: “estoy cansado”, “son ideas tuyas”, “nada que ver”. Yo, aún estaba muy ilusionada con él (el amor es ciego, sordo y mudo) así que pasé por alto mis dudas o al menos por un tiempo lo intenté.

Pero esa determinación no me duró mucho.

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Walter Riso.

La situación se agudizó con el tiempo, cada vez nos veíamos menos, cuando estábamos juntos a penas me tocaba, casi nunca quería tener sexo, prácticamente éramos dos extraños que a veces compartían su rutina.

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Walter Riso.

Es muy claro: si la persona que dice amarme vive “confundida” y me acaricia cada muerte de obispo, la cosa está grave. Puede que me aprecie bastante, pero no creo que me ame.

Él me hablaba del futuro y yo por mi lado intentaba que no nos marchitáramos, porque no soy el tipo de persona que se rinde al primer intento, menos si se trata de alguien que quiero.

Pero a la vez no podía silenciar a esa voz que me aconsejaba ponerle punto final a la situación.

Y yo no podía resignarme a tener una relación tan plana, tan fría, sin abrazos, sin pasión, sin ternura.

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Walter Riso.

Durante ese tiempo, intentando encontrar respuestas, investigué sobre el amor frío y encontré en el blog de Walter Riso un artículo titulado “Amores insípidos” que relataba exactamente lo que yo estaba viviendo.

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Walter Riso

Llegué a la conclusión de que tenía dos opciones: terminar con él o aceptarlo tal cual era. Y sabía que en mi vida no había cabida para un amor en migajas.

Estar junto a alguien que no sepa amarte es una señal inequívoca para huir y seguir adelante con tu vida, ya llegará quien si te ame como lo mereces y de manera natural, no por compromiso.

Walter Riso

Y así la relación se terminó.

Al principio me costó, porque sentía que él no era como los otros cobardes que había conocido y porque ante los ojos de cualquier mujer él era un hombre bueno, ideal. Pero me sentía tranquila y eso era un indicador de que mi decisión había sido la correcta.

Así terminó otro de mis fracasos amorosos, lleno de dolor, pero también de valiosas lecciones.

Ya no me considero -como años atrás- una víctima de mis circunstancias, porque he aprendido con cada uno de mis errores a ser más consciente de mis decisiones y del grado de responsabilidad que yo tengo en cada una de ellas.

El dolor puede sumergirnos en un mar de amargura y tristeza (y no me refiero solo al dolor de un corazón roto).

Yo he estado en el fondo del pozo más veces de las que puedo recordar, más veces de las que me gustaría admitir, no es algo que me enorgullezca, o que me guste tener en mi currículo de vida, pero esas experiencias me enseñaron que después del ocaso, siempre sale el sol y no es solo una frase cliché, es el curso natural de la vida.

*Las hermosas imágenes que adornan este post son propiedad de Xuan Loc Xuan.

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