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Mamá, quiero cambiar mi vida: voy a tener un blog

Es un día común, son las 5 de la tarde y manejo hacia el trabajo de mi mamá porque me invitó a tomarnos un café. Llegamos a la cafetería, me siento y mientras mi mamá mira su celular le digo:

-Mamá, usted sabe qué es un blog?

Me mira con cara de duda y responde:

-No.

-Es un lugar en donde uno puede publicar artículos.

Por su mirada siento que solo la estoy confundiendo.

-Sería como tener una página de internet solo mía en donde puedo escribir.

-Ahhhhhhhhhh…

-Y usted sabe que a mi siempre me ha encantado escribir y que el periodismo no me gusta mucho.

-Sí, lo sé.

-Me gustaría escribir sobre estilo, elegancia y dedicarme a algo que de verdad me guste.

-Bien pu hija, te apoyo, yo creo que te va ir bien, tienes que lanzarte no más.

-¿De verdad mamá?

-Sí.

Mi corazón se llenó de ilusión. Mi mamá es la mujer más admirable que he conocido y siempre ha sido dueña de una elegancia única, desde niña ella me enseñó todo lo que se sobre cómo vestir y combinar mi ropa, sobre texturas, colores, como usar joyas, la importancia del perfume y la magia de la belleza femenina.

Abrumada desde el día 1 (más que nada por mi súper poder de procastinación)

Si tuviera que decir en pocas palabras el proceso de iniciarme como blogger, tendría que escribir un pergamino aburrido largo y que probablemente nadie leería. Pero puedo resumirlo en una palabra: abrumador.

La palabra blog empezó a aparecer en  mi mente hace 1 o 2 años atrás, estaba en una época oscura, tenía un trabajo normal, no me podía quejar, pero una pregunta me atormentaba ¿esto es lo que quiero para mi vida? Tenía claro que mi cabeza era una olla hirviendo de ideas y que necesitaba expresarlas. Me decidí a encontrar una forma de cambiar mi realidad y apareció en mi cabeza la palabra “blog”.

Tenía sentido, amaba escribir, tenía un título de periodista y quería expresarme, pero nunca me sentí cómoda con la idea de que el resto leyera mis palabras (ironías de la vida). Mi resolución no fue suficiente, siempre me pasaba lo mismo, tomaba vuelo para dar el salto y en último momento algo me detenía, la falta de tiempo, la ignorancia, mi perfeccionismo exacerbado, mi situación financiera, excusas, excusas, excusas.

Si crees que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal

Aún así, la idea del blog se plantó como una semilla y se alimentó de mis continuas decepciones con la estructura del mundo. Cada vez que vivía un episodio desagradable venía a mi mente la misma idea, era casi como un consuelo.

Con el paso del tiempo pasó lo inevitable, me sentía ahogada ¿eso era todo? Ganar plata, comprarse un auto, tener un título. ¿Esa era la idea de felicidad que me debía sosegar? Y todo a cambio de entregarle mi vida y mi tiempo a algo que parecía cada día más absurdo y aburrido.

 

 

Sentía que el mundo, como lo conocía en ese momento, era muy pequeño para mi ser inquieto, ¿estaba yo mal? ¿porque todos eran tan distintos? ¿tan tranquilos? ¿tan simples?

Con el tiempo entendí que era porque tenía la vida de una persona que jamás habría querido ser. Había aprendido a ser infeliz.

Durante esa etapa de mi vida sufrí mucho, intentando hacer “lo correcto” quise convencerme de que el periodismo tradicional era lo mio, pero no me resultó, la profesión me parecía tan insípida, tan lejana a las pasiones que me obsesionaban.

Hasta que hace poquito, después de renunciar a un trabajo que no podía ser peor, comprendí que todo lo que había vivido, cada lágrima, cada error, cada latido, cada grotesca metida de pata eran parte de mi camino y tenía dos opciones: sentir lástima por mi pobre existencia o tomar mis decepciones como combustible para ser mejor.

Después de dejar ese trabajo tan ingrato, empecé a alejarme de las personas que restaban en mi vida, implementé diversos cambios a nivel externo e interno y todo empezó a mejorar. Ahí surgió con más fuerza que nunca la idea de tener un blog.

Investigué demasiado, creo que inventé al menos 200 nombres diferentes, tomé cursos online leí, leí, leí, procastiné como solo yo se hacerlo (porque soy cinturón negro en perder tiempo). Pero aquí estoy.

La valentía no siempre ruge, a veces es esa vocecita al final del día que dice: mañana volveré a intentarlo

Dentro de todo el mar de incoherencias que surfean mi mente, una cosa tengo clara: quiero dedicar mi vida a hacer lo que amo, de otra forma estoy destinada a ser infeliz y ¿quien en su sano juicio quiere ser infeliz?

Quiero superar los miedos que me esclavizaron, superar a la mujer que era ayer, la que sentía pánico al pensar en tener una bitácora virtual.

Y creo que lo que me impulsó a dar este salto de fe, fue esta pasión que conozco desde que tengo memoria, la que aparece cada vez que veo en la calle a una mujer que combinó sus zapatos con su cartera, cada vez que abro mi clóset y tengo que elegir como me veré ese día o cada vez que puedo ayudar a alguien a que se vea y se sienta mejor.

 

 

Creo que las pasiones no se pueden ahogar, son tan potentes, aunque a veces sin sentido, pero siempre están ahí insistiéndonos, quizás por eso me sentía ahogada, porque por mucho tiempo intenté silenciar esa voz que me suplicaba que la escuchara.

En fin…

Creo que todas las mujeres somos vanidosas, todas queremos lucir hermosas, (no por nada Chile es el país líder en consumo de vestuario en latinoamérica)  y se que puedo ayudar a las personas que lleguen a este rinconcito a amarse más y a sentirse mejor consigo mismas, externa e internamente, porque al final del día esa frase cliché que todos repiten de que la belleza interna es más importante que la externa, es cierta e irrefutable.

Así que aquí estoy, haciendo mi sueño más querido una realidad. Por mí, para mí loca interior obsesionada con ser cada día un poquito mejor y por supuesto para cualquiera que se quiera sumar.

Porque si con mis palabras logro tocar al menos la vida de una mujer y ayudarla en la forma que sea, me sentiré más feliz que perro con dos colas.

 

<3

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